Comentaba en la entrega pasada que mi paso por la burocracia universitaria fue por demás aleccionador, conocer las entretelas, los manejos, las idas y venidas, los portes y los tonos de voz. Pensé que había adquirido las herramientas necesarias para vencer cualquier obstáculo burocrático que se me presentase, craso error; la mía es una mísera suerte, una extraña condición, tal parece ser que mi karma tiende a cobrar forma de empleado gubernamental.
No entraré en muchos detalles al respecto, pero hace un par de meses me vi envuelto en una maraña de trámites y funcionarios públicos (algunos verdaderamente asesinos) de la cual apenas voy encontrando la punta que la desenredé ... El archiburócrata de tramitología la quiere destramitologizar y el que la destramitologizaré, un buen destramitologizador será...
Creo que lo más absurdo es tener que probar solvencia moral y económica por medio de un papel. Nuestra vida es un papel, se hace de papel oficio, de papel moneda; nos avala gente que no nos conoce; no basta con jurar que siempre he sido un santo, que con trabajos privo de vida a una araña... en fin así son las cosas. Pero, francamente, hace tanto que ya no he andado por aquí que ya ni ganas tengo de seguir con esto. Sí, yo sé, debería ser más disciplinado, obligarme a seguir la idea, pulir la frase, buscar el adjetivo correcto, continuar con la trama, pero no simplemente ni puedo ni quiero, no me da la gana, no va más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario