miércoles, 11 de enero de 2012

Eu tive tantos e sem querer gamei...

Ya tenía estoy MUY abandonado y más de dos detrás diciéndome: escribe, escribe... pues bueno, hoy me decidí porque, al revés de lo que alguna vez cantó Eugenia León, ahora sí se me da la gana. Algunos ya saben que este año buena parte de mis ganancias se irán en comprar ya sea in situ o vía internet las maravillas que con el motivo del trigésimo aniversario luctuoso de mi gurú, mi no va más, mi quítate que ahí te voy, Elis Regina, saldrán al mercado.
Curioso, varios saben que la adoro, pero pocos saben la historia de cómo llegó a mi vida (y si ya lo saben finjan demencia). Podría remontarme al día en que por accidente me inscribí a portugués, pero no; podría contar cómo caí en la, entonces, ENEP Acatlán (tan alejada de Dios y del mundo), pero tampoco; podría remontarme al momento en que, en menos de 15 minutos, tuve que decidir que estudiaría letras hispánicas... uffff... pero esas son historias que si bien me llevaron al asunto que hoy quiero tratar, por el momento no vale la pena discurrir sobre ellas... otro día que ande con ánimo más morboso tal vez lo haga. Vamos al punto.
Siempre he dicho que si aprendí portugués fue por causa de las canciones. Mi profesora en ese tiempo fue muy generosa y prestó varios de sus discos al grupo. Yo comencé por lo obvio: Cateano Veloso, Gal Costa, Djavan, Maria Bethânia, creo que hasta Simone... en fin yo quería todos, escuchaba todo, un mundo nuevo estaba frente a mí (sí ya sé que es lugar común, pero así fue, créanlo, que no ando con ganas de convencer a nadie); me faltaba por escuchar un disco o dos, recuerdo que uno de ellos era de cantos tribales de la amazonia... mmmhhhh... no es mi estilo... al otro ni atención le había puesto.
Casi al final del semestre paso a devolver algunos de los discos y la profesora, Martha, me dice: "¿No te quieres llevar éste?" Yo dije: "No, gracias". Los cantos indígenas se colaban por mis oídos. Ella: "Anda, llévatelo". Yo: "No Martha, de veras, gracias". Ella: "De veras, tómalo". Yo: "Bueno... gracias..." Ella: "No, a la fuerza tampoco". Yo pensé, uh qué la chingada y dije: "No, para nada, te lo agradezco" (claro que la respuesta no venía de otro lado más que de mi matriarcal infancia en la que pregonaban que uno debía agradecer cualquier atención). Metí el cd en mi morral y lo cargué como si fuese un lastre (en cierto sentido lo era). Llegué a casa y cavilé: bueno, ya me lo traje, lo menos que puedo hacer es escucharlo... ni siquiera había prestado atención a la portada... de pronto escucho el "Upa neguinho" un tipo de jazz, un tipo de música negra, un tipo de voz que jamás había escuchado (yo que hasta el momento no tenía un gusto bien definido)... oí el cd "The best of Elis Regina" más de una vez. Comenzó una de mis misiones en la vida. Necesitaba poner cara a esa voz, cuerpo a esa cara, movimiento a ese cuerpo, voz hablada a esa mujer, vida a esa mujer... y no he podido parar.
A veces pasan semanas sin que la escuche, no obstante, siempre llega en los momentos adecuados, o debería decir, llego a ella en los instantes de necesidad, cual si fuese el oráculo, siempre tiene una respuesta, casi nunca clara, la mayoría de las ocasiones sensitiva, vivencial.

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